La estación de nieblas
Algunas tardes, si estoy en silencio, puedo escuchar el sonido de unas campanas dando las horas. Pero creo que son de mentira, que no existen. Los cencerros y los relojes siempre juegan malas pasadas, te engañan. Y yo me dejo engañar, aunque lo odie; porque las quiero, como un niño quiere un tren recien pintado.
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- Publicado:
- 9/Octubre/2007 / 11:50 pm
- Categoría:
- Pensar
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