Bienvenido a casa

Vuelvo a estar triste. Ya conozco este reino. Me da menos miedo que la confusión aséptica en la que me había encontrado estos últimos días, sin sentir nada. Al menos vuelvo a llorar, al menos la almohada vuelve a sentir como mi alma se deshace cada noche en un vals sin final.

Un corazón sin un cuerpo no sirve de nada. Es la premisa que lo marca todo. Mi corazón –si alguna vez alguien creyó en él- no sirve para nada.

Son las seis y veinticinco de la mañana, sólo la madrugada llegó a comprenderme.

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