Está lloviendo

Está lloviendo, casi nunca lo hace aquí. Ya ha anochecido. Estoy en la azotea de mi casa, sentado en el suelo, puedo ver el cielo rosado por la ciudad romperse en millones de gotas que empapan todo.

Desde aquí arriba también pueden verse otras azoteas, puntiagudas como catedrales góticas, atadas por cientos de cables, adornadas con depósitos negros y trasteros de puertas resplandecientes. Los balcones empapados y oscuros observan imperturbables el paso del tiempo.
Abajo, las estrellas eléctricas casi no pueden alumbrar el asfalto, el clamor de la lluvia restalla sobre todo allí. Las últimas personas corren a esconderse. Las calles se vuelven mudas, por unos momentos dejan de obeceder al hombre. Aquel semáforo ya no marca el compás.
Me encuentro solo en la ciudad, la ciudad mágica, y no muchas personas lo saben ver, me hace sentirme afortunado.

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