Casi no queda

Dice Vauvenargues que en los jardines públicos existen avenidas frecuentas principalmente por la ambición decepcionada, por los inventores sin fortuna, por las glorias abortadas, por los corazones rotos, por todas esas almas tumultuosas en las que retumban aún los últimos quejidos de una tormenta, y que retroceden lejos de la mirada insolente de los alegres y de los ociosos. Estos retiros umbrosos son el lugar de encuentro de los lisiados de la vida. Plácense el poeta y el filósofo en dirigir, a estos parajes más que a cualesquiera otros, sus ávidas conjeturas. Lo dice Charles Baudelaire en El esplín de París, y yo pensaba que era ese poeta y ese filósofo que pasea por los jardines en los tiempos difíciles, cuando el viento sopla en contra. Me encontraba allí, entre los árboles viejos, dándole una vida a cada uno. Pero resulta que estaba equivocado, no soy el poeta y el filósofo, soy la ambición decepcionada, la gloria abortada, sólo que yo no lo sabía. Casi no queda vanidad en donde buscar la felicidad.

En las noticias del día, la compañera Ardid está buscando a Anna Schnabel Font, si estás por ahí quizás te apatezca pasar por aquí.

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