Un mimoide

Uno de los principales inconvenientes que veo a la existencia de un Dios tal y como es presentado por las religiones es que todo se basa en la existencia del Bien y del Mal. Un Juicio Final en donde vivos y muertos responderán de sus actos, la Ley del Karma o cualquier otro sentido de la vida presupone que los buenos serán recompensados y los malos castigados. Es reconfortante. Pero es absurdo, lo que está bien hecho o lo que está mal hecho tiene tantos matices que se ahogan los colores. Son convenciones sociales que fuera del hombre pierden su sentido. Un pequeño ejemplo: un niño tiene una infancia en algún lugar azotado por la guerra, su familia le maltrata, es un marginado social, le ha arrebatado cualquier resto de empatía que pudiera tener. Se muere de hambre, para comer roba en una tienda y mata al dependiente. ¿Dios lo condenará al fuego infinito? (No justifico el asesinato, en cualquier caso merece un castigo y una rehabilitación, pero eso es otro tema)

Si somos la única especie con alma significa que somos los elegidos, que existe un mundo determinista, que todo ha ocurrido porque tenía que suceder, estamos aquí por alguna razón y lo que hagamos lo haremos por debíamos hacerlo. La evolución tiene un fin y un camino.

Pero si Dios nos creó por su gracia eterna y nos puso en la Tierra vaya una chapuza de trabajo, la mitad del mundo no cree en Él y la otra mitad se extermina en su nombre. La Iglesia Católica esconde a pederastas, apoya regímenes dictatoriales, sus obispos viven, cuanto menos, alejados de la pobreza que predicó Jesús. Esto se le ha ido de las manos.

Cuando pienso en estos temas, siempre me viene a la mente el mítico diálogo de Solaris, la novela de Lem:
—No, no pienso en dioses nacidos del candor de los seres humanos, sino en dioses de una imperfección fundamental, inmanente. Un dios limitado, falible, incapaz de prever las consecuencias de un acto, creador de fenómenos que provocan horror. Es un dios… enfermo, de una ambición superior a sus propias fuerzas, y él no lo sabe. Un dios que ha creado relojes, pero no el tiempo que ellos miden. Ha creado sistemas o mecanismos, con fines específicos, que han sido traicionados. Ha creado la eternidad, que sería la medida de un poder infinito, y que mide sólo una infinita derrota….
—¿De dónde sacaste esa idea de un dios imperfecto?
—No sé. Me parece muy verosímil. Es el único dios en el que yo podría creer, un dios
cuya pasión no es una redención, un dios que no salva nada, que no sirve para
nada: un dios que simplemente es.

Anuncios

About this entry