La estación de nieblas

Algunas tardes, si estoy en silencio, puedo escuchar el sonido de unas campanas dando las horas. Pero creo que son de mentira, que no existen. Los cencerros y los relojes siempre juegan malas pasadas, te engañan. Y yo me dejo engañar, aunque lo odie; porque las quiero, como un niño quiere un tren recien pintado.

Anuncios

About this entry